La detección precoz del deterioro cognitivo, clave para anticipar cuidados y mejorar la calidad de vida

La Estrategia de Asistencia en Salud Mental de Castilla y León 2024-2030 incorpora medidas de prevención, promoción de la salud, coordinación asistencial y atención temprana, con especial atención a la salud mental de las personas mayores dentro de su Línea 7

El deterioro cognitivo es uno de los principales retos sanitarios y sociales asociados al envejecimiento. No siempre implica demencia, pero sí puede ser una señal de alerta cuando aparecen cambios persistentes en la memoria, la orientación, el lenguaje, la atención, la planificación de tareas o la capacidad para desenvolverse en la vida diaria.

En España, la enfermedad de Alzheimer afecta a unas 800.000 personas, según la Sociedad Española de Neurología, y constituye la causa más frecuente de demencia. Además, más del 50% de los casos leves de Alzheimer permanecen sin diagnosticar, lo que retrasa la intervención y el acompañamiento adecuado.

En comunidades especialmente envejecidas como Castilla y León, la detección precoz adquiere una importancia estratégica. La Estrategia de Asistencia en Salud Mental de Castilla y León 2024-2030 señala que las personas mayores de 65 años representan el 25,5% de la población autonómica, en un contexto marcado también por la dispersión territorial, el envejecimiento del medio rural y la soledad no deseada.

Señales que conviene observar

El deterioro cognitivo puede comenzar de forma progresiva y confundirse con cambios propios de la edad. Sin embargo, conviene consultar cuando los olvidos son frecuentes, se repiten preguntas, aparecen dificultades para manejar dinero o medicación, hay desorientación en lugares conocidos, pérdida de iniciativa, cambios de conducta, apatía, irritabilidad o aislamiento.

La observación de familiares y personas cuidadoras es fundamental. Muchas veces son quienes primero detectan cambios sutiles en la autonomía, la conversación o la forma de resolver actividades cotidianas. Esa información puede ser decisiva para facilitar una consulta temprana.

La Atención Primaria desempeña un papel esencial como puerta de entrada al sistema sanitario. Desde los centros de salud se puede realizar una primera valoración, revisar factores de riesgo, descartar causas reversibles o agravantes y derivar, si es necesario, a recursos especializados.

Prevenir, detectar y coordinar

La evidencia científica señala que determinados factores de riesgo modificables pueden influir en la aparición o progresión del deterioro cognitivo y la demencia. Entre ellos se encuentran la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la pérdida auditiva, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la depresión, la inactividad física, el aislamiento social o los trastornos del sueño.

Por ello, la prevención pasa por promover hábitos saludables, mantener la actividad física y social, controlar los factores de riesgo cardiovascular, cuidar la salud emocional, favorecer el descanso y consultar ante cambios cognitivos o conductuales persistentes.

La Línea 7 de la Estrategia de Asistencia en Salud Mental de Castilla y León 2024-2030 se centra precisamente en la salud mental de las personas mayores. Su enfoque plantea una atención psicogeriátrica multidisciplinar, biopsicosocial, centrada en la persona y coordinada con la familia, las personas cuidadoras, Atención Primaria, salud mental, neurología, geriatría y los recursos sociales y sociosanitarios.

Entre sus actuaciones se incluyen actividades psicoeducativas en la comunidad, medidas frente a la soledad no deseada, cribados en personas mayores de 70 años, mejora de los métodos de diagnóstico precoz, programas de vigilancia farmacológica y el impulso de unidades funcionales de deterioro cognitivo en las áreas de salud.

Cuidar antes para vivir mejor

Detectar precozmente el deterioro cognitivo no significa alarmar, sino abrir una oportunidad para intervenir antes, acompañar mejor, prevenir complicaciones y preservar durante más tiempo la autonomía y la calidad de vida.

En este sentido, la coordinación entre profesionales sanitarios, servicios sociales, recursos comunitarios, familias y personas cuidadoras resulta esencial para ofrecer una respuesta integral, cercana y adaptada a las necesidades de cada persona mayor.