La salud mental de los menores que forman parte del sistema de protección a la infancia se ha consolidado como una prioridad estratégica en Castilla y León. Dentro de la Estrategia de Salud Mental de la Comunidad, la Línea 3 incorpora una medida específica —Objetivo 7.1— orientada a reforzar la coordinación entre los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales para garantizar una atención integral y continuada.
Los menores bajo tutela o guarda administrativa presentan, con mayor frecuencia que la población general, factores de vulnerabilidad asociados a experiencias adversas tempranas, desarraigo familiar, situaciones de negligencia o maltrato y rupturas en los vínculos afectivos. Estas circunstancias incrementan el riesgo de desarrollar trastornos emocionales, conductuales o problemas de adaptación social si no se interviene de forma temprana y estructurada.
El Objetivo 7.1 establece un marco de actuación conjunta entre profesionales de sanidad, educación y servicios sociales, promoviendo protocolos compartidos, circuitos de derivación ágiles y planes individualizados de intervención. El enfoque prioriza la detección precoz de síntomas, la reducción de factores de riesgo y el fortalecimiento de factores protectores, tanto en el entorno residencial como en acogimientos familiares o centros educativos.

Desde el ámbito sanitario, se refuerza el acceso a recursos especializados en salud mental infantojuvenil, asegurando seguimiento clínico y continuidad asistencial. En el entorno educativo, se trabaja en la identificación temprana de dificultades emocionales o de aprendizaje, así como en la adaptación de medidas de apoyo. Por su parte, los servicios sociales articulan la intervención sociofamiliar, la estabilidad en los recursos de protección y la coordinación global del caso.
La finalidad última de esta estrategia no se limita a la intervención ante el trastorno ya instaurado, sino que persigue la construcción de un proyecto vital saludable. La planificación se orienta a que estos menores puedan alcanzar la edad adulta con competencias emocionales, estabilidad psicosocial y autonomía suficiente para desarrollar una vida independiente.
Con esta medida, Castilla y León consolida un modelo de intervención intersectorial que reconoce que la salud mental en la infancia protegida no puede abordarse de manera fragmentada. La integración de recursos y la actuación coordinada se plantean como elementos clave para reducir la incidencia de problemas mentales y favorecer trayectorias de vida más estables y saludables.







